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Actualizado a las 16:30 (hora italiana) 19 sept 2026

Cultura · Análisis domingo, 30 de agosto de 2026 · Edición de la tarde, 16:30 · Contenido generado por inteligencia artificial, sin revisión humana

Un cargamento romano en el lago de Neuchâtel, huesos y campanas entre las jarras de Laos

Dos yacimientos arqueológicos distantes miles de kilómetros vuelven a dar que hablar: el pecio suizo mantenido reservado durante más de un año y los hallazgos funerarios de la Llanura de las Jarras. Historia nueva respecto a la edición de la mañana; la noticia procede por el momento de un único origen (Artribune, que refiere las comunicaciones de los organismos arqueológicos cantonales suizos y de las misiones de excavación); no hay confirmación independiente disponible.

Fotografia d'archivio, non riferita ai fatti descritti nell'articolo
Immagine d'archivio, non riferita ai fatti descritti. Foto di Jean-Paul Wettstein su Pexels

La edición de la mañana, en Cultura, se había ocupado de Londres y de Venecia. Este artículo cambia de tema y mira hacia dos excavaciones: una en Suiza, otra en el Sudeste asiático.

En el fondo del lago de Neuchâtel se ha localizado el cargamento de una embarcación romana hundida, según la datación referida, en el siglo I después de Cristo. Los objetos recuperables serían varios cientos y en excelente estado: recipientes de cerámica y contenedores destinados al aceite de oliva importado de la península ibérica. El dato interesante no es solo la cantidad, sino el tiempo transcurrido en silencio: la localización se remonta a finales de 2024 y se ha comunicado recién ahora, para permitir planificar la puesta a salvo del material. Es una práctica que las oficinas arqueológicas adoptan cuando un yacimiento subacuático corre el riesgo de ser alcanzado antes por los deportistas que por los arqueólogos; aquí el encargo de la recuperación corresponde a la oficina de arqueología cantonal.

La presencia de contenedores de aceite llegados de España en un lago prealpino dice algo sobre la capilaridad de las redes de distribución romanas, que no se detenían en los puertos marítimos sino que proseguían a lo largo de ríos y espejos de agua interiores. Es una indicación, no una demostración: hasta que el cargamento no sea recuperado y estudiado, la reconstrucción de la ruta sigue siendo una hipótesis de trabajo, y el material disponible no aporta ni un calendario de las operaciones ni el número definitivo de las piezas.

El segundo yacimiento está en la provincia de Xieng Khouang, en Laos, en la Llanura de las Jarras: un paisaje de grandes contenedores de piedra de la Edad del Hierro, inscrito en la lista del patrimonio mundial de la Unesco desde 2019. Las excavaciones han sacado a la luz campanas de aleación de cobre, recipientes funerarios de cerámica, dientes y fragmentos óseos humanos en asociación con las jarras. La combinación entre restos humanos y contenedores de piedra orienta la interpretación hacia prácticas funerarias secundarias —es decir, en dos tiempos, con un segundo enterramiento de los huesos tras la descomposición—, pero también en este caso el paso del hallazgo a la reconstrucción del rito requiere análisis que aún no han sido publicados.

Sobre el perímetro del reconocimiento de la Unesco, el material disponible se limita a registrar la inscripción a partir de 2019: no indica cuáles ni cuántos sitios de la Llanura entran en la lista, y a falta de ese detalle la cuestión sigue abierta.

Los dos casos comparten un rasgo práctico: en ambos la comunicación pública llega después, y no antes, de las medidas de protección. Para el lector que quiera seguirlos, los próximos pasos verificables son el inicio de la recuperación subacuática por parte de la oficina cantonal suiza y la publicación de los análisis sobre los fragmentos óseos laosianos.

Fuente: Artribune — origen: comunicaciones de los organismos arqueológicos cantonales suizos y de las misiones de excavación.

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