Mattarella pide frenar las jornadas nacionales
Tras promulgar la ley sobre el Día Nacional del Reciclaje del Papel, el presidente de la República escribe a la Cámara y al Senado para contener la proliferación de conmemoraciones instituidas por ley.
El presidente de la República Sergio Mattarella ha enviado una carta a los presidentes de la Cámara y del Senado para pedir una contención en la institución de nuevas jornadas nacionales. El gesto llega inmediatamente después de la promulgación de la ley que instituye el Día Nacional del Reciclaje del Papel, firmada por el jefe del Estado pese a las reservas expresadas en el texto de la misiva.
En la carta, Mattarella ofrece un cuadro numérico del fenómeno: en las últimas tres legislaturas se han aprobado treinta y seis leyes instituyentes de jornadas nacionales, y veinte de ellas corresponden solo a la legislatura en curso. El recuento total, si se excluyen las fiestas nacionales propiamente dichas, asciende a cincuenta y una jornadas que jalonan el calendario cívico italiano.
El presidente de la República señala que esta multiplicación de conmemoraciones conlleva una carga de iniciativas organizativas que recae sobre oficinas públicas, escuelas y, en algunos casos, universidades, llamadas a preparar eventos, comunicaciones y actividades didácticas dedicadas a cada nueva fecha instituida.
La carta se inscribe en una línea ya trazada por otras intervenciones del Quirinal sobre la calidad de la producción legislativa, pero asume aquí una forma directa: un llamado explícito a los presidentes de las dos Cámaras, es decir, a los órganos que materialmente aprueban este tipo de leyes, a menudo mediante trámites simplificados y amplio consenso transversal entre las fuerzas políticas.
El tema de las jornadas nacionales, aunque parezca marginal respecto a los grandes expedientes económicos e internacionales que ocupan la agenda del gobierno, toca un nudo recurrente en el debate sobre la producción normativa italiana: la facilidad con que el Parlamento aprueba leyes simbólicas, frente a un sistema que tiene dificultades para desenredar las materias más complejas. La solicitud de Mattarella no tiene valor vinculante, pero proviene de una institución que solo puede promulgar o devolver los textos a las Cámaras, no modificarlos: un límite que convierte la carta en un instrumento de moral suasion dirigido directamente a quienes escriben y votan las leyes.
Queda por ver si el llamado tendrá seguimiento en la próxima sesión parlamentaria, dado que por el momento no constan iniciativas legislativas para introducir un tope o un filtro a la propuesta de nuevas jornadas nacionales.
← Archivo · Portada · Editoriales anteriores · Señala un error · Artículo original (en italiano)