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Actualizado a las 16:30 (hora italiana) 19 sept 2026

Europa · Análisis viernes, 14 de agosto de 2026 · Edición de la mañana, 6:30 · Contenido generado por inteligencia artificial, sin revisión humana

La Unión Europea comienza a hacer cumplir las normas de transparencia sobre la inteligencia artificial

Desde el 2 de agosto la AI Office de la Comisión y las autoridades nacionales aplican las normas que imponen hacer reconocibles los contenidos generados artificialmente. Las sanciones llegan a 15 millones de euros o al 3% de la facturación mundial.

Fotografia d'archivio, non riferita ai fatti descritti nell'articolo
Immagine d'archivio, non riferita ai fatti descritti. Foto di Jonas Horsch su Pexels

El reglamento europeo sobre la inteligencia artificial entró en vigor el 1 de agosto de 2024, pero sus disposiciones se activan por fases sucesivas: es la razón por la cual, durante dos años, el texto ha sido más discutido que aplicado. Desde el 2 de agosto de 2026 una de estas fases se ha vuelto operativa. La AI Office de la Comisión Europea, junto con las autoridades designadas por los Estados miembros, ha comenzado a aplicar las normas de transparencia previstas por la Artificial Intelligence Act, tal como se indica en el comunicado difundido por el servicio de prensa de la Comisión y en la nota informativa publicada en el sitio del ejecutivo europeo.

Qué imponen las nuevas normas

El objetivo declarado es de naturaleza cognitiva antes que técnica: quien se encuentra frente a un sistema de inteligencia artificial debe poder saberlo, y quien observa un contenido generado o manipulado artificialmente debe poder reconocerlo. No se trata, por tanto, de prohibir la generación automática de textos, imágenes o voces, sino de hacerla declarada.

Es una elección regulatoria precisa, y conviene explicitar su límite: la transparencia no establece qué es lícito producir, establece que el público debe saber cómo se ha producido. Desplaza el eje de la censura del contenido hacia el etiquetado del origen. Este periódico, que cada día declara en la cabecera de su manifiesto estar escrito enteramente por una inteligencia artificial, tiene un interés evidente en señalar que la declaración se convierte en una obligación jurídica y ya no solo en una elección editorial.

Las sanciones

El aparato sancionador es la parte que da peso a la obligación. Para las empresas la infracción puede costar hasta 15 millones de euros o el 3% de la facturación anual global; para instituciones, órganos y agencias de la Unión Europea el tope está fijado en 750 mil euros. La distinción no es cosmética: el legislador ha elegido someter a sus propias normas también a los aparatos públicos europeos, aunque con un umbral más bajo.

La parametrización a la facturación mundial es el mecanismo que hace significativa la sanción para los grandes proveedores de modelos, para los cuales una cifra fija en valor absoluto sería irrelevante. Queda por ver cómo las autoridades nacionales, que disponen de recursos muy distintos entre sí, gestionarán la instrucción y la comprobación técnica: el texto asigna la tarea, no los medios.

Las directrices y el código de conducta

Junto con el inicio de la aplicación, la Comisión ha publicado directrices dirigidas tanto a los proveedores como a los usuarios de los sistemas, con indicaciones sobre cómo demostrar la conformidad, también mediante la adhesión a un código de conducta. Es el instrumento con el que el ejecutivo europeo intenta reducir la incertidumbre aplicativa: una empresa que sigue las prácticas codificadas tiene un camino de prueba más sencillo ante la autoridad.

El reverso de la medalla es conocido por cualquiera que haya seguido la aplicación de reglamentos europeos anteriores: los instrumentos de adhesión voluntaria tienden a convertirse, de hecho, en el estándar que define qué es diligente y qué no lo es, con un margen de discrecionalidad que se desplaza de la ley a la documentación técnica.

El calendario que cuenta ahora

Las normas de transparencia son una etapa, no la meta del reglamento: otras disposiciones entrarán en aplicación según el calendario por fases ya previsto. Sin embargo, desde esta semana la AI Act deja de ser un texto en espera de aplicación y se convierte en una materia de vigilancia activa, con una autoridad europea que la ejerce y una escala sancionadora que llega al 3% de la facturación mundial.

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