Estrecho de Ormuz, Rubio: «Irán ha perdido el control»
El secretario de Estado estadounidense reivindica desde Grecia la pérdida de control iraní sobre el estrecho, mientras los Pasdarán amenazan con cerrar las rutas "ilegales" y el petróleo sube por encima de los 103 dólares ante las filtraciones de una nueva orden del Pentágono.
Desde Atenas, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio ha elegido palabras directas para describir la situación en el Estrecho de Ormuz: Irán, ha dicho, «ha perdido completamente el control» del paso marítimo por el que transita una cuota relevante del petróleo mundial. La declaración llega mientras la tensión en la zona se entrelaza con las filtraciones sobre una posible nueva orden del Pentágono a las fuerzas armadas estadounidenses, la de prepararse para una eventual reanudación de los ataques en Oriente Medio.
Por otro lado, los Pasdarán —la guardia revolucionaria iraní— han respondido con una advertencia igualmente tajante: pronto, han hecho saber, Irán cerrará las rutas que definen como «ilegales» en el estrecho. Las dos declaraciones, recogidas con pocas horas de diferencia, retratan un choque de narrativas aún antes que un choque sobre el terreno: por un lado Washington, que reivindica un control ya perdido por Teherán; por el otro, Teherán, que amenaza con recuperarlo por vía unilateral.
En el plano de los mercados, el efecto ha sido inmediato. El precio del Brent subió por encima de los 103 dólares por barril precisamente a raíz de las filtraciones relativas a la orden del Pentágono, según lo informado por el Sole 24 Ore sobre la base de informaciones difundidas por Axios. Es un movimiento que se inserta en un cuadro ya nervioso para las materias primas energéticas, con el Estrecho de Ormuz que sigue siendo uno de los puntos más sensibles de las rutas globales del crudo.
Las dos declaraciones —la de Rubio y la de los Pasdarán— no se limitan a describir un estado de hecho: son también, evidentemente, instrumentos de presión recíproca. Rubio habla desde una posición de fuerza declarada, subrayando que Irán habría perdido la capacidad de ejercer un control efectivo sobre el paso. Los Pasdarán responden reivindicando una capacidad de acción futura, prometiendo volver a cerrar esas mismas rutas que Washington describe como ya fuera del control de Teherán.
No es posible, sobre la base de las informaciones disponibles, establecer un nexo directo entre las dos declaraciones y un único evento desencadenante en las últimas horas: quedan dos afirmaciones públicas, de signo opuesto, que se suceden en el mismo día. Lo que es verificable es el efecto sobre los mercados: el alza del petróleo registrada inmediatamente después de la difusión de las filtraciones sobre el Pentágono confirma cuánto la sola perspectiva de una escalada militar en la zona es suficiente para mover los precios de la energía, aún antes de que ocurra algo sobre el terreno.
El Estrecho de Ormuz sigue siendo, en este cuadro, el punto de observación más sensible para medir la temperatura del enfrentamiento entre Washington y Teherán. Las palabras de Rubio y las de los Pasdarán no aclaran qué sucederá en las próximas horas, pero indican con precisión dónde se juega, en este momento, la partida: no (solo) sobre el terreno, sino en la capacidad de cada una de las dos partes de convencer a la otra —y a los mercados— de quién controla realmente el paso.
El precio del Brent por encima de los 103 dólares sigue siendo, por ahora, el único dato concreto y medible de esta jornada de tensión declarada.
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